Me gusta verla dormir tras la pelea… sus ojos se cierran y la ternura que impregna su gesto dormido me pone romántico, melancólico, enamoradamente feliz de poder contemplarla de aquel modo.

Y así, mientras ella dormita, y mis dedos dibujan serpentinas recorriendo las líneas de su espalda, las curvas de su cuerpo, a mi me da por rememorar aquella primera vez, en la que aún desconocidos, y apenas tras un par de charlas casuales en el caprabo del barrio o alguna coincidencia en el ascensor o en el garaje, decidimos tener una cita y conocer el pulso, el impulso y la fuerza de este latido que sacudía mi templanza y me descubría pensando en ella más allá de lo permitido.

Así que fuimos a una freiduría del centro, por buscar un sitio alejado de vecinos chismosos y tratando de dar con un lugar imparcial que señalara el camino a seguir de vuelta a casa.

Tomamos vino y saciamos el apetito dando buena cuenta del pescadito frito, la cita transcurrió como si ya hubiera sucedido y el vino nos fue achispando y envolviendo gratamente al candor de una conversación amena de risas y de miradas cómplices...

Fue al salir del restaurante, donde ella me reconoció que andaba un poquito borracha a lo que decidimos dar un paseo para despejar la modorra vinatera, y empezamos a andar y sin pensarlo, abracé su cintura, agarré su cadera, y apenas unos pasos más allá, ella deliciosa, (o yo, o ambos, tal vez) giro su cabeza y besó mis labios.. con un beso suave, prolongado, un primer beso largo, muy largo, y calmo, muy calmo, que nos dejó abrazados, en medio de la calle en el preciso momento en que empezaba a nevar y el tiempo se nos detenía en aquel beso, mientras el resto del mundo corría buscando refugio de la tormenta de nieve..

Desconozco el tiempo que estuvimos así, bajo el influjo de un deseo tan deseado como aquel primer beso.. Cuando el beso hizo la pausa y fuimos conscientes de las inclemencias del tiempo, me propuso su casa para tomar la penúltima y pasar rápido al postre deseado..

... lo recuerdo nítidamente, mi retina conserva las imágenes, tal si hubiera sido ayer… Aunque bien cierto es que ayer también fue… Y que aunque haya habido muchas veces ya, aquel sabor de aquella nuestra primera vez, sigue delicioso conservado en mi recuerdo como el triunfo de la quimera de su piel tatuada de (y en) mí.

Cuando ella deliciosa, abrió sus ojitos somnolientos todavía y me vio soñando despierto, me dijo:

-"¿por qué sonríes amor?"..

-"pensaba en ti, cielo"..

Qué lástima que solo haya una primera vez, un primer beso, y una vez que suceda no vuelva.. Aunque la reiteración del camino repique incesante y la magia nos permita reinventarnos y recrearnos cada vez en aquel primer brote de deseo que nos hizo crecer en adelante a la sombra de la pasión compartida y del amor que pretencioso se fue apoderando de nosotros.

"Sabes?", le dije, "hacer el amor contigo es como hacer el amor con una mujer distinta cada vez… Así siempre es la primera vez… me encantas".

Y mi vecina al oír aquello sonrío deliciosa, me beso y dijo: "Ay mi chico! cuánto le quiero!!"... Y empezó a bajar por mi torso desnudo a pequeños besos... Para desvirgarme de nuevo...